¿Tal vez piensas que la gran construcción o la fuerza de trabajo requerido en la edificación de Machu Picchu fue por trabajo de personas esclavizadas?
No fue así.
Fue resultado de un complejo sistema organizativo, político y social que el Tahuantinsuyo utilizó para movilizar, controlar y distribuir el trabajo tanto en las formas individuales como en lo colectivo. Principalmente el trabajo se expresó por medio del sistema llamado mita.
A la vez te preguntarás ¿en el conjunto de fuerza necesaria para la construcción cuántas personas habrían participado? Sin embargo, no podemos dar una afirmación con cifra definitiva al respecto porque no existen registros. Las investigaciones arqueológicas solo nos permiten aproximarnos a las condiciones humanas que posibilitaron la construcción de la llaqta.
La movilización de los trabajadores bajo una estricta planificación estatal
Sin lineamientos de la dirección del Estado Inca no hubiera sido posible la ejecución del proyecto arquitectónico. De igual modo, no se hubiese ejecutado sin la especialización de mano de obra de algunos sectores laborales, ni tampoco sin el aprovechamiento de los diversos recursos existentes en el lugar.
De este modo, levantar Machu Picchu demandó una planificación que iba más allá de lo que una pequeña comunidad aislada podía lograr.
Las investigaciones demuestran que la llaqta habría empezado a erigirse en 1420. Entonces, nos hace pensar que el Estado del incanato contaba con capacidad de mover y sostener contingentes masivos de trabajadores, incluso antes de movilizar a las grandes campañas militares de expansión territorial.
No entendamos que la participación de la fuerza de trabajo siempre fue de manera unilateral y masiva, si fuese así no estaríamos contemplando la belleza constructiva que vemos en Machu Picchu. Por eso, es prudente hablar de una fuerza laboral organizada por etapas y tareas, en lugar de imaginar una multitud permanente trabajando simultáneamente en todo el proceso.
Tres fueron las etapas constructivas principales: “la preparación geotécnica de la cresta montañosa, el levantamiento de las estructuras ceremoniales y residenciales del núcleo urbano, y las fases finales de acabado mampostero y modificaciones menores” (1).
La mita
Significaba “turno” o “trabajo de temporada”; comprendía un régimen de contribución laboral forzoso y periódico.
Con la mita el Imperio Inca estructuró su economía y la ejecución de sus grandes obras públicas.
¿Por qué funcionaba así? El Estado del incanato no contaba con un sistema monetario mercantil y los impuestos no se pagaban con moneda, por ello se organizó que la población otorgara prestaciones de trabajo físico. Con esta mita se atendía necesidades colectivas y estatales.
Con la mita se disponía trabajadores para obras públicas, labores agrícolas, explotación de recursos y otras tareas vinculadas con el funcionamiento del Tahuantinsuyo.
Para el caso de la construcción de Machu Picchu la mita sirvió para las tareas hidro-geotécnicas, el desbroce de los montículos, el movimiento de tierras, la preparación de terrazas y el transporte de piedras o rocas. Los trabajos recaían sobre los ayllus o comunidades de las provincias conquistadas.
Por el sistema de la mita los hombres (mitayuq) entre 15 y 50 años de edad eran movilizados por temporadas en turnos para permanecer en el trabajo varios meses. Frente a esta realidad el Estado garantizaba que ningún pueblo sufriera una despoblación permanente o algún riesgo que comprometiera su subsistencia en lo material y familiar; además, el Estado se responsabilizaba de alimentar, alojar y proveer de insumos como chicha y hoja de coca utilizando los recursos almacenados en los tambos.
Optimización del uso de la energía en edificaciones y estructuras subterráneas
Con este tema nos referimos al análisis, optimización y eficiencia del uso de la energía en la construcción en superficie y en las instalaciones bajo el nivel del suelo.
Estudios de ingeniería encabezados por Kenneth Wright han demostrado que la edificación de Machu Picchu necesitó una inversión potente en labores de acondicionamiento subterráneo que en la fábrica visible de las edificaciones de la superficie (Kenneth Wright, 2000).
¡Qué!
¿Hay más construcciones en el subsuelo que en las partes de la superficie? Pues, esto es genial, gran lección a nuestros constructores del presente que hoy escuchamos muchas veces que tal infraestructura, como por ejemplo un puente o edificio se cayó por una mala construcción debido principalmente a estructuras cimentales deficientes. En fin, son paradojas de la genialidad humana.
Así pues, en Machu Picchu, según cálculos del estudio mencionado aproximadamente el 60% del esfuerzo constructivo general se destinó al trabajo “subsuperficial”, enfocado en la cimentación profunda, la estabilización de taludes y la red de drenaje.
Estas acciones incomparables de los constructores incas están sustentadas en el desafío de la naturaleza porque el lugar de la llaqta se encuentra en zona accidentada, fracturas geológicas activas y que con la presencia de constantes lluvias se corría riesgo constante de erosión y deslizamientos en masa.
Consciente de la realidad geográfica los constructores incas transformó la topografía natural ordenando la excavación e instalación de más de 700 terrazas agrícolas con sus muros de contención donde cada terraza tramaba un filtro hidrogeológico estructurado en varias capas: una capa superior de aproximadamente 0,5 metros de tierra agrícola rica en materia orgánica, una capa de transición de arena y grava fina, y un lecho inferior de un metro de profundidad compuesto por fragmentos graníticos y desechos de cantería (2)
El transporte de materiales: fuerza humana y conocimiento técnico
Trasladar materiales para acondicionar un terreno montañoso comprendió uno de los principales desafíos en la construcción de Machu Picchu.
¿Qué pormenores, accidentes, vicisitudes, tristezas, alegrías, no te imaginas que haya habido en el proceso de la construcción y en el traslado de las rocas? Si pensamos con sentido común, pues, empezamos a elucubrar muchas cosas.
El transporte de los materiales como los bloques de granito y las toneladas de tierra para las terrazas, se ejecutó sin el uso de la rueda ni herramientas de hierro. Todo fue con instrumentos naturales sofisticados y adaptados del momento y que algunos de estos lo desconocemos totalmente.
El transporte de rocas que pesaban distintas toneladas requirió de una coordinada combinación de ingeniería de campo y fuerza humana organizada. Cuadrillas compuestas de diferentes cantidades de hombres, según el tamaño de las rocas, arrastraban los bloques utilizando gruesas cuerdas trenzadas con fibras de cabuya y varillas de arbustos, también con fibras de lana y cuero de camélidos.
Utilizaron también rampas de tierra y piedra para trasladar las rocas a las zonas relativamente altas y alinearlas con los muros o terrazas; palancas de madera para elevar y realizar los ajustes finales de precisión en el asentamiento de las piedras.
Y algo fundamental comprendía que los canteros dejaban a propósito protuberancias y pequeños hoyos en la base de las piedras grandes para apoyarse con las palancas o atar cuerdas; estas protuberancias se pulían al terminar la colocación de la piedra.
La fuerza animal también jugó papel importante en el transporte. Claro que las llamas no se utilizaban para arrastrar bloques de piedras ya que su capacidad física se limitaba solo a cargar unos 45 kilogramos. Estos animales cumplieron un rol logístico indispensable en el transporte de víveres, agua y herramientas pequeñas continuamente a las cuadrillas de trabajadores.
En conclusión, la fuerza de trabajo para la construcción de Machu Picchu representa un fondo que conecta la historia de la arquitectura, la construcción, con la historia social. Detrás de cada estructura hubo personas cuyas experiencias individuales y colectivas jugaron papel inconmensurable en la materialización del gran monumento arqueológico del gran Machu Picchu.
¿Qué opinarías cuando alguien te diga que la construcción de Machu Picchu fue obra de extraterrestres?
Te leo en los comentarios.
Referencias
Murra, J. V. (1980). The economic organization of the Inka state. JAI Press.
Wright, K. R., Valencia Zegarra, A., & Lorah, W. L. (1999). Ancient Machu Picchu drainage engineering. Journal of Irrigation and Drainage Engineering, 125(6), 360–369. https://doi.org/10.1061/(ASCE)0733-9437(1999)125:6(360)
Wright, K. R., & Valencia Zegarra, A. (2000). Machu Picchu: A civil engineering marvel. ASCE Press.

