Se sabe que durante un periodo de la historia andina existió la llaqta de Machu Picchu, lo demuestran sus restos arquitectónicos y la belleza de sus aspectos constructivos.
Pero, luego nos llega una serie de preguntas acerca de por qué llegaron a desocupar el sitio.
¿Qué ocurrió? ¿Sus habitantes huyeron cuando llegaron los españoles? ¿Qué ocurrió con las personas que trabajaron y vivieron allí? ¿A qué lugares se trasladaron? ¿Alguna epidemia los obligó a retirarse? ¿Perdió importancia política y religiosa después de la desaparición de sus gobernantes? ¿O sucedieron varios hechos los que, simultáneamente, provocaron su abandono? ¿Cómo se reorganizaron sus descendientes en el nuevo orden colonial? ¿Qué prácticas, conocimientos y vínculos territoriales continuaron después de que el asentamiento perdió su función original?
Estas preguntas nos hacen reflexionar que la historia de Machu Picchu no consiste únicamente en explicar las piedras (en sus diversas ubicaciones) que permanecieron en pie. También nos retan a investigar las vidas humanas que hicieron posible su construcción, su funcionamiento y las razones de su abandono.
Factores multicausales del abandono
Las investigaciones arqueológicas, documentales y bioarqueológicas han aportado nuevos elementos para estudiar el abandono de la llaqta de Machu Picchu, pero es necesario diferenciar entre las evidencias sobre la cronología del sitio y las hipótesis acerca de las causas de su desocupación. Sin embargo, existe relativamente una opinión consensuada que establece que el abandono de la llaqta de Machu Picchu fue el resultado directo de la desarticulación sistémica del incanato a raíz de la invasión española, la quiebra del modelo económico de las panacas reales, la decadencia demográfica provocada por epidemias euroasiáticas tempranas y la reorientación estratégica de la resistencia incaica hacia la cuenca de Vilcabamba, liderado por Manco Inca.
Es que Machu Picchu no operaba como un centro político-administrativo autosuficiente ni como una comunidad agraria autóctona, sino como un enclave dependiente de la red de redistribución estatal, gestionada desde la capital imperial en Cusco. Pero, a la vez, su funcionamiento combinaba recursos locales con redes de intercambio, abastecimiento y trabajo cuya dinámica concreta todavía debe estudiarse.
Después de la captura y ejecución del Inca Atahualpa en 1533 y la posterior ocupación del Cusco por los invasores europeos, la estructura del Estado inca que canalizaba los insumos agrícolas y la mano de obra rotativa por medio de las mitas decayó inexorablemente. El problema del colapso de la red vial imperial (Qapaq Ñan) anuló la fluidez de los suministros a Machu Picchu. De esta forma, se vio forzada la desocupación progresiva de la llaqta.
Impacto de las epidemias euroasiáticas tempranas
Cuando pensamos en el auge y decadencia de las civilizaciones antiguas, solemos mirar a las guerras y los cambios políticos.
Pero ¿qué ocurre cuando el verdadero motor del cambio es un organismo microscópico? ¿Hasta qué punto las epidemias euroasiáticas tempranas moldearon no solo los cuerpos de nuestros antepasados, sino el mapa político, social y económico del mundo que hoy heredamos?
Sobre las epidemias euroasiáticas:
Los registros históricos sitúan el primer brote importante en el Caribe en 1518, durante la conquista española. La enfermedad se propagó rápidamente por Centroamérica y Sudamérica. Los historiadores estiman que la viruela causó la muerte de entre tres y cuatro millones de indígenas que no habían estado expuestos previamente al virus. Junto con la guerra, el trabajo forzado y otras enfermedades, las epidemias contribuyeron a reducir la población indígena de América en aproximadamente un 90 % antes de 1600 (1).
Esta realidad también se volcó enteramente en la región de Cusco a la llegada de los españoles. Configuró un factor determinante en la despoblación del valle del Urubamba porque se propagó rápidamente el patógeno (viruela, sarampión y sífilis) del Viejo Mundo. Esta epidemia se introdujo en el continente americano antes de la presencia física de los invasores en la sierra sur peruana. Así, algunos expertos creen que los habitantes de Machu Picchu pudieron haber sucumbido antes de que los españoles llegaran al Cusco.
En todo caso, las investigaciones detallanel impacto devastador de estas epidemias en las comunidades indígenas.
Aunque no sepamos con exactitud sobre el abandono de Machu Picchu, esta maravilla del mundo antiguo sigue estando disponible para que la experimentemos y exploremos mientras reflexionamos sobre muchos enigmas.
La invasión española y la crisis del Tahuantinsuyo
La desocupación de Machu Picchu tradicionalmente se ha relacionado con la invasión española del siglo XVI. Pero, las investigaciones arqueológicas e históricas sugieren que este proceso fue complejo y no puede explicarse únicamente por la llegada de los invasores.
La invasión española sincronizó con una profunda crisis política del Tahuantinsuyo, marcada por la guerra entre Huáscar y Atahualpa y las rivalidades por el poder. La captura de Atahualpa en 1532 y la ocupación española del Cusco en 1533 debilitaron los mecanismos políticos y socioeconómicos que sostenían las estructuras vinculadas a la élite imperial. En este sentido, es necesario reconsiderar la explicación tradicional y evita atribuir automáticamente su abandono a la invasión europea.
La caída del incanato no significaba que cada centro administrativo o ceremonial fuera destruido. En muchos casos, las poblaciones siguieron viviendo en sus comunidades, ya con nuevas autoridades, obligaciones y condiciones económicas. Otros centros poblacionales perdieron su importancia cuando se desestructuraron las instituciones que garantizaban su mantenimiento.
Sin embargo, en la desocupación de Machu Picchu debe considerarse la posibilidad de que el cambio habría sido gradual. Algunos habitantes pudieron marcharse antes que otros; ciertas labores pudieron interrumpirse mientras otras continuaban temporalmente. La desocupación de un poblado no siempre ocurre de manera rápida, como si todos sus pobladores abandonaran sus viviendas al mismo tiempo.
Es prudente asumir que la crisis imperial alteró las condiciones que sostenían la ciudadela de Machu Picchu hasta hacer inviable o innecesaria su ocupación habitual.
¿Machu Picchu quedó realmente olvidado?
¿Quién olvida a quién cuando una población importante se oculta entre la niebla? Si las familias locales de la zona de Urubamba sabían de la existencia de Machu Picchu y caminaban entre sus terrazas, ¿por qué la historia convencional insistió en llamarla «la ciudad perdida»?
Decir que Machu Picchu fue abandonado no significa necesariamente afirmar que dejó de ser conocido por todas las poblaciones de la región.
Tenemos que expresar claramente que Bingham no fue el descubridor de Machu Picchu. En cambio, su gran trabajo consistió en dar una enorme proyección internacional al monumento y contribuyó a su estudio arqueológico moderno.
La historiade Machu Picchu no se interrumpió completamente cuando sus antiguos ocupantes se retiraron. Continuó a través del territorio de administración por las comunidades o por privados, apegados a las memorias vinculadas con el paisaje.
Existe una información interesante de hace poco.
En mayo pasado el gobierno peruano dio a conocer que documentos de 1544 y 1545 custodiados por el Archivo Regional del Cusco evidenciarían conocimiento y administración permanente del espacio inca tras la caída del Tahuantinsuyo, lo que demostraría que esta llaqta inca nunca estuvo “perdida” ni permaneció tan oculta.
El director del Archivo Regional del Cusco, Edwin Berduzco Torres, indicó “que no se trataba de una ciudad perdida, como se difundió en 1911 cuando Machu Picchu fue presentada al mundo, sino de un territorio administrado durante más de 400 años por distintas familias y habitantes de la zona”.
Para terminar, me hago una pregunta intrigante ¿cuál habrá sido la última jornada de los habitantes de Machu Picchu, la última huella que pisaron en el lugar, cuando se dio la última orden de la retirada?
En conclusión
Según opinión consensuada de los investigadores se establece que el abandono de la llaqta de Machu Picchu, el momento en que se borraron las huellas de los incas, fue el resultado directo de la desestructuración sistémica del Tahuantinsuyo, causados principalmente por su profunda crisis política, la invasión española y la decadencia demográfica provocada por epidemias. Pero, la historia de Machu Picchu no se interrumpió completamente cuando sus antiguos ocupantes se retiraron; continuó bajo diferentes regímenes de administración comunales o privados.
Referencias
Burger, R. L. et al. (2024). «Absolute Chronology Revisited: Integrating Precise Bayesian Models from Machu Picchu with Inca Ethnohistoric Praise Narratives». Quaternary International, 703, 21–31.
Archivo General de la Nación (2026). “Manuscritos coloniales revelarían que Machu Picchu nunca estuvo perdida”.

